Nuevebits

Jugando a…Xenoblade Chronicles

Xenoblade Chronicles es la discreta respuesta de Monolith Software a todos aquellos que se preguntan cómo fusionar conceptos occidentales en aventuras japonesas. Toma de la mano Fallout 3, Monster Hunter, Demon´s Souls y Final Fantasy XII y te encontrarás con un juego que bien merece la compra de la consola; por otra parte, salir en Wii es el único defecto grave de esta aventura.


Tanto por ver…

Porque no veas lo que cuesta jugar con una tele de éstas grandes, planas y nuevas a un título que no está en alta definición y que ni siquiera sabe colocarse bien en la pantalla… ya echaba de menos las franjas negras; tampoco es muy de mi agrado que, en unos combates tan frenéticos, a veces sólo pueda ver un amasijo de píxeles y yo con cara de chino con la jeta pegada a la pantalla preguntándome “¿qué pasa?”, por otro lado el mando de wii es una patata; y en un título donde no hace ninguna falta que éste sepa agitarse o sea inalámbrico, la disposición de botones es, cuando menos, curiosa. Vamos, que cuesta acostumbrarse y pensar “Vale, ha salido en Wii, ya está, sigamos jugando”. Superado eso, hablemos de Xenoblade Chronicles:

Un juego que trata de manera maravillosa el concepto de “el viaje”, del crecimiento de un héroe que sale de su hogar por una determinada causa traumática y emprende un viaje junto con su amigo del alma: personalmente me ha recordado mucho a un manga que adoro: “Las aventuras de Fly”, compartiendo con éste casi punto por punto de su argumento. Si hace cinco o diez años, yo no paraba de pedir novedades en lo que a juegos de rol se refería, hablando en términos trama, ahora me encuentro celebrando un título que respeta los cánones habituales de estas producciones y obviando cualquier mierda emo. Hay una chica dulce (bueno, demasiado dulce para mi gusto, de ésas de “Ay, espero que no se piense que le gusto ¡Qué vergüenza!”), un protagonista bien construido (porque no es ni luffy, ni cloud pero aún así tiene iniciativa y un pasado) y un amigo tipo Wakka pero con sus capas de profundidad. Tenemos también al mítico maestro que admira el prota pero éste no es tan perfecto ni tan ideal como en otras producciones, tiene sus limitaciones y no tiene miedo de compartirlas si así Shulk, el héroe en cuestión, puede mejorar.


¡Merasoma! ¡Guigaiden! Amo a Fly y sus peripecias

Con ese punto de partida, Xenoblade Chronicles emplea una inteligente relación entre protagonistas, monstruos y entorno, explicándonos desde el minuto cero que el universo que nos vamos a patear es de una determinada manera, que es especial y que sobre él girará toda la trama y todo nuestro interés. Éxito. La espada mística (Vais a acabar hasta el cuelo de escuchar “¡This is the power of the Monado!”) está muy vinculada con el mundo, los protagonistas también, así como los enemigos y el propio sentido del viaje.

_Vístete de los pies a la cabeza

¿Recordáis Shadows of the Colossus? ¿Ese juego donde un adorable personajillo tenía que encaramarse a los lomos de un gigantón para acabar clavándole un puñal en su cabeza? Xenoblade Chronicles hace algo curiosamente parecido para articular su viaje. El mundo en el que vivimos son los restos de dos grandes titanes que antaño lucharon hasta darse muerte. Nosotros vivimos sobre ellos y nuestro periplo arranca en los pies, señalándonos como destino original la cabeza. Algo tan nimio potencia más el viaje porque no sólo descubrimos nuevos lugares, sino que ir por ellos ya resulta curioso, además de ir aprendiendo más del pasado del mundo y marcando una ruta lineal que suena lógica. A su vez, hablamos de que una civilización se ha erigido sobre un titán, es decir, es grande que te cagas, lo que propicia perderse por el camino. Lo mejor del producto.

La percepción del título al jugar es que es un Demon´s Soul sin mala leche envuelta en un paquete Fallout 3 con toques Monster Hunter por aquí y por allá. Entornos abiertos (muy MUY abiertos e interesantes) que incitan a la exploración, conviviendo enemigos de un nivel parejo al nuestro con otros más bestias de nivel 90. Estos pasan a veces de nosotros, pero otras veces son atraídos por nuestra lucha y se involucran en el combate que estamos teniendo, nos vemos obligados a huir y a escondernos y a decidir tener que dar un rodeo para que ese hijo de los 90 no vuelva a atacarnos; pero juramos que volveremos y le daremos para el pelo. Las criaturas viven a veces en manadas, ocultas en cavernas, en desviaciones de la ruta principal o subidos en precipicios; criaturas que nada tienen que ver con alguna misión o submisión, simplemente viven ahí; y tienen categorías organizativas entre ellos. Al comienzo de la loma se encuentran un par de saurios guerreros, cuando inicias la refriega con ellos saltan los saurios telúricos. Examinas el entorno y te das cuenta que en lo más alto de todo y mirándote se encuentra “Xozar, el cruel” un saurio tan molón que ni se inmuta por tus acciones y espera a que acabes para ir a por ti. Lo hace, te gana ¡PERO! vuelves a aparecer con todos tus objetos y tu mismo nivel en el último lugar descubierto por ti en el juego. En Xenoblade no hay crueldad, pero sí reto y muchas, muchas cosas a descubrir. Me atrevería a decir que tiene más esquinas que el propio juego postapocalíptico y más bichejos tochos que matar que el juego del demonio.

Con esto, con un viaje bien estructurado, un mundo muy coherente, unos personajes que te acompañan a los que le coges cariño (sí, también está la típica morena pechugona a la que al ponerle “Armadura del diablo encarnecido” le aparece un sujetador negro y una braga que le hace culito) y una trama que si bien no es el adalid de lo original es resultona y perfecta para lo que se quiere, consigues un envoltorio fantástico y que te atrapa como a Carpanta un pollo o a Zipi y Zape una bicicleta.


Imagen de Hardcore Gamer con un Xenoblade en sus manos

_¡A las armas!

El combate de Xenoblade Chronicles tiene sus pros y sus contras que ya iréis descubriendo pero sobre todo, es inteligente. Lo es porque sabe reconocer sus fallos y aplicar correctivos que le sientan muy bien. Las luchas son en tiempo real, sin cargas ni gaitas, pero se resuelven con distintos comandos cada uno con una línea de tiempo propia. Mientras estas acciones se rellenan nuestros muñecos golpean un ataque normal cada cierto tiempo y se mueven como quieren por el escenario. Imaginaos ahora que nos encontramos con siete monos ninja que no paran de brincar, súmale a eso los típicos brillitos de cada golpe más tus tres personajes y aderézalo con la baja definición ¿qué te queda? momentos altamente confusos. Pero Monolith son chicos listos y aprovechando que nuestro arma nos permite tener visiones ¿Y si pausamos el combate de vez en cuando para ofrecernos una visión del ataque de un enemigo tocho para que nosotros intentemos impedirlo? Pues que consiguen transformar una pelea confusa en un salvamento frenético ¿Y si dejamos de atacar para animar a nuestros compañeros alicaídos? Pues que se produce un agradable impás en el ritmo ¿Y si cuando los tres compis de equipo se llevan maravilloso, hayan combeado varios golpes, les permitimos paralizar la acción y hacer un especial entre los tres?… Así es el combate de Xenoblade, muy, muy inteligente ya que la confusión acaba desapareciendo o siendo instantes propios de una lucha. Todos los extras que tienen a la mecánica original y cruda están muy bien integrados y sirven para eso, para modificar y corregir la velocidad, orientar al jugador, dar variedad y que las luchas molen un huevo.

Además, el gusto de la desarrolladora por dar coherencia al mundo se extiende también al combate:lo que tengamos equipado se ve durante las luchas, durante nuestras caminatas y durante las secuencias de vídeo. Los enemigos nos asaltan o no en función de quienes son, de si nos oyen o si nos ven. Son gigantescos y otros son pequeños y no, no hay tiempos de carga entre combates y todo corre a una fluidez sorprendente; y la música es sublime, casa de una manera casi épica en todo momento.

El título de J-RPG que todos estábamos esperando al que, realmente, sólo se me ocurre de malo que sale en Wii; aunque si el precio por un mundo tan enorme, por unas batallas y unos entornos tan sensacionales es la baja definición y programar en un sistema que les aporta más beneficios y les es más barato que en PS3 o Xbox 360, bienvenido sea. Sólo me queda decir: disfruta del viaje.

Y la opinión final es:

5 Grititos

  • Fantástico análisis, me ha encantado la comparación con Las Aventuras de Fly, no lo había pensado pero ahora me es imposible sacármelo de la cabeza xD

    Yo voy muy despacio con este juego juego porque voy haciendo todas las misiones secundarias (más de 400), por lo que me queda juego para rato, porque mira que se hará largo el condenado. Sobre Dunban, está claro que es un personaje que reúne todos los esteorotipos y tópicos, pero es molón como él solo.

    Yo lo juego en una pantalla LED de 32″ pulgadas y hay ciertos píxeles que matan, me imagino que en teles mayores debe ser todavía peor, está claro que en HD hubiera sido un juego brutal, pero dudo mucho que Xbox 360 o PS3 tengan la potencia suficiente para mover los inmensos escenarios de Xenoblade en HD, por no hablar de que sería la ruina para Monolith y Nintendo ya que los costes se hubieran disparado demasiado para lo que va a vender.

  • ¿¿todas las secundarias?? joer, yo al poco ya estaba “venga, dime lo que sea, dame los objetivos y si surge la oportunidad ya te mataré al monstruo que sea” pero ni las leía XD
    Con este título me he quedado pensando ¿es bueno que haya una consola menor técnicamente para que las compañías se puedan permitir este tipo de juegos? porque es lo que dices, échale huevos a hacer este mundo con la tecnología de FFXIII.

    Por supuesto que es bueno que haya consolas inferiores técnicamente, ¿te imaginas a Ghost Trick o Ultimate Jump Star en otra consola actual que no sea DS?

    Ultimate Jump Stars? El de DS? BUFFFF, no pude con él; pero con Ghost Trick la cosa cambia, porque en el terreno portátil sí que el tema gráfico siempre se ha solucionado con ingenio… hasta la Vita, que ya veremos

  • Todavía no lo he podido comprar, pero me has dejado con los dientes más largos que…

    En fin, por los menos tengo Las aventuras de Fly.

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